CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Marmosas: claves para entender a los marsupiales más pequeños que habitan en Argentina
Especialistas del CONICET Mendoza estudian la biología de estos pequeños mamíferos y destacan el rol ecológico de esta especie en el ambiente.


Las marmosas son pequeños marsupiales que habitan distintas regiones de Sudamérica, incluida Argentina. Se distribuyen principalmente en ambientes áridos y semiáridos. En el país se reconocen seis especies de las cuales dos se encuentran en Mendoza: Thylamys pallidior y Thylamys bruchi, y pueden habitar tanto en el suelo como en los árboles.
En general, tienen un pelaje suave con un patrón tricolor, orejas grandes, patas pequeñas con pulgar oponible. La cola, con extremo prensil, facilita el desplazamiento en los árboles. Entre las especies se pueden encontrar diferencias en el patrón de coloración, en el tamaño y en las regiones del país que habitan. También se encuentran diferencias en la morfología del cráneo y en la secuencia de algunos genes. A diferencia de las comadrejas overas o especies de mayor tamaño, no poseen marsupio, por lo que las crías no están protegidas por la “bolsa” típica de este grupo de mamíferos.
Rosarito Sánchez Dómina, becaria doctoral del CONICET e integrante del grupo Ecología Integrativa de Fauna Silvestre del Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA, CONICET-UNCUYO-Gob. Mza.), bajo la dirección de las investigadoras del CONICET, Paola Sassi y Soledad Albanese, subraya la importancia de investigar las marmosas, ya que la información disponible suele limitarse a registros antiguos y se enfoca, en gran medida, en aspectos taxonómicos y sistemáticos.
“En especies como Thylamys bruchi, se ha encontrado que se reproducen por única vez en su vida y luego mueren, una estrategia muy poco común en mamíferos. La supervivencia depende de que el nacimiento y el destete coincidan exactamente con la época de mayor abundancia de alimento. Así, pueden alimentarse adecuadamente y acumular reservas que le permitan enfrentar el invierno”, explica Sánchez Dómina.
Las marmosas son omnívoras-insectívoras, es decir que consumen principalmente artrópodos e incorporan, en menor medida, plantas y frutos según su disponibilidad. En los marsupiales la gestación es breve y el desarrollo continúa fuera del útero, la lactancia es más extensa que en otros grupos de mamíferos. En una primera etapa, las crías permanecen adheridas al pezón de la madre y dependen por completo de la leche materna para desarrollarse. Una vez que se independizan, los adultos comienzan a almacenar grasa en la base de la cola, permitiéndoles enfrentar épocas del año en las que hay menos disponibilidad de alimento como el invierno. Luego, durante la primavera y verano inicia la última etapa de su corto ciclo de vida: la reproducción.
La investigadora advierte que los cambios ambientales actuales, en particular la intensificación de las sequías, pueden alterar la sincronía natural entre la reproducción y las condiciones ambientales favorables. En este escenario, las marmosas quedan especialmente expuestas, con una capacidad limitada de respuesta, ya que no pueden ajustar su reproducción de manera flexible, a diferencia de otros pequeños mamíferos, como los roedores.
El estudio de la ecología de las marmosas que habitan en nuestra provincia tiene una trayectoria de más de diez años pero hay muy pocos estudios sobre la fisiología de estos marsupiales en comparación con los trabajos ecológicos o taxonómicos. Para concluir, Sanchez Dómina destaca el rol ecológico de estas especies en el ambiente, ya sea como potenciales controladoras de insectos y arácnidos, dados sus hábitos insectívoros, o como alimento (presas) de otros animales como zorros, gatos silvestres, culebras y aves rapaces. “Todo el conocimiento que se adquiera es de suma importancia para promover la conservación de las marmosas y los ambientes que habitan”, concluye.