DÍA INTERNACIONAL DE LOS BOSQUES

Bosques: la importancia de generar conocimiento para su manejo y conservación

El Día Internacional de los Bosques es una jornada conmemorativa que se celebra anualmente el primer 21 de marzo desde 2013, establecida por Asamblea General de las Naciones Unidas el 21 de diciembre de 2012.


Ricardo Villalba
Bosque. Foto Gentileza Investigador
Bosque. Foto Gentileza Investigador

Ricardo Villalba, investigador superior del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, explica la importancia de poner en valor este día y de generar conocimiento para diseñar estrategias de conservación y tomar decisiones que contemplen no solo el presente, sino también, el futuro de nuestros bosques.

Teniendo en cuenta que hay muchos tipos: (nativos, implantados, secos) ¿Qué se entiende por “bosque”?
Un bosque es mucho más que un conjunto de árboles. Es una forma de vida muy organizada, un espacio donde conviven plantas, animales, suelos, agua, hongos, microorganismos, y clima, todos en un delicado equilibrio. Si, claro, hay bosques muy distintos entre sí. Hay bosques muy húmedos con árboles gigantes y frondosos, otros secos, abiertos y de bajo porte, pero todos cumplen un papel invaluable para el Planeta donde vivimos. Un bosque es, en definitiva, una trama viva que sostiene la biodiversidad, protege la tierra, regula el flujo del agua y nos recuerda a los seres humanos que la naturaleza funciona como un todo.

¿Cuáles son los principales beneficios que brindan los bosques (agua, suelo, biodiversidad, clima, etc.) al planeta?
Los bosques nos sostienen de muchas maneras, incluso cuando no siempre lo advertimos. Cuidan el agua, protegen los suelos, moderan temperaturas y fuertes lluvias, almacenan carbono y ofrecen refugio a una enorme diversidad de especies. También amortiguan eventos extremos y ayudan a mantener la estabilidad de los ecosistemas. A través de la captación de dióxido de carbono, los bosques son nuestros mejores amigos en la mitigación del Cambio Climático. Pero, además, los bosques tienen un valor profundo ya que nos conectan con dimensiones de la naturaleza que muchas veces la vida cotidiana nos hace olvidar. Nos recuerdan que en nuestro planeta dependemos de equilibrios frágiles y que nuestra propia salud ambiental está íntimamente ligada a su conservación.

En Mendoza, ¿hay bosques?

Sí, claro que en Mendoza hay bosques. Tal vez no siempre se los reconoce fácilmente, porque solemos asociar la palabra bosque con paisajes húmedos y densos, y nuestra provincia tiene bosques adaptados a la extrema aridez que domina en las llanuras y piedemonte. Son bosques abiertos, relativamente bajos, dominados mayormente por algarrobos de copa amplia y semiesférica, troncos gruesos, ramas espinosas y follaje semi-perenne. Los bosques de algarrobo en Mendoza prestan servicios ecosistémicos cruciales, actuando como estabilizadores del suelo, fijadores de nitrógeno y reguladores de temperaturas extremas. Proveen forraje y sombra para la ganadería, recursos forestales y alimenticios (harina de algarroba), y son vitales para la conservación de la biodiversidad. Reconocer la existencia y la importancia de estos bosques de zonas áridas en Mendoza es fundamental, porque solo aquello que aprendemos a ver y a valorar puede ser realmente cuidado.

¿Qué nos permite conocer la investigación científica sobre los bosques y por qué es importante generar conocimiento científico sobre ellos?

La investigación científica nos ayuda a comprender el funcionamiento de los bosques y establecer pautas para su manejo y conservación. Los estudios nos permiten saber cómo crecen los bosques, cómo responden a las sequías, al calor extremo, a los incendios o a la presión humana, y también cómo van cambiando con el tiempo. Muchas veces, los árboles expresan señales de deterioro a través de los anillos de crecimiento en su tronco, mucho antes de que sean evidentes a simple vista, y la ciencia nos ayuda a detectar estos cambios. Generar conocimiento es esencial porque permite actuar con más responsabilidad, pensar estrategias de conservación mejor fundamentadas y tomar decisiones mirando no solo el presente, sino también el futuro de nuestros bosques.

¿Cómo se relaciona tu investigación con los bosques?

Mi investigación se relaciona con los bosques de una manera muy directa y comprometida. Desde hace años trabajo tratando de entender cómo el clima influye sobre su crecimiento de los bosques, su vitalidad y su permanencia en el tiempo. En ese camino, uno aprende que los bosques no son algo estático: son sistemas sensibles, con memoria, que registran en su madera los cambios del ambiente donde crecen. Hoy, además, desde la Red Nacional Bosque-Clima que coordinamos desde IANIGLA, buscamos acompañar ese conocimiento con una mirada federal, que ayude a cuidar, monitorear y proyectar el futuro de los bosques argentinos frente al cambio climático y la presión de las actividades antrópicas. Lo siento como un trabajo científico, pero también como una responsabilidad con un patrimonio natural que merece toda nuestra atención e involucramiento.

¿A qué amenazas están sometidos hoy los bosques?

En la actualidad, los bosques están sometidos a presiones muy fuertes. La deforestación, los incendios, la fragmentación, la degradación y el cambio climático actúan juntos, debilitando ecosistemas que en muchos casos ya son frágiles. A eso se suman las sequías más intensas, las olas de calor y distintos usos del territorio que reducen su capacidad de recuperación. Lo preocupante es que muchas veces el deterioro no ocurre de manera abrupta, sino silenciosa, acumulativa. Por eso es tan importante prestar atención a tiempo. Cuidar los bosques hoy es una forma de evitar pérdidas que mañana pueden ser irreversibles.

¿Cómo puede involucrarse la ciudadanía en el cuidado de los bosques (prevención de incendios, etc.)?

Las personas podemos involucrarnos mucho más de lo que a veces imaginamos. Desde acciones concretas, como prevenir incendios, respetar normas en áreas naturales y evitar conductas de riesgo, hasta algo más profundo, que es aprender a valorar los bosques como un bien común. También implica informarse, acompañar políticas de conservación, apoyar prácticas responsables y transmitir a las nuevas generaciones el respeto por estos ecosistemas. Yo creo que cuando una sociedad cuida sus bosques, también está cuidando su agua, su biodiversidad, su territorio y su futuro. Y ese compromiso no debería ser solo de especialistas o instituciones, debería ser de todos en conjunto.