CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

Especialistas del CONICET Mendoza estudian el acoso y el ciberacoso escolar

El estudio analiza estas problemáticas y pone en evidencia que la prevención requiere la participación activa de docentes, familias y estudiantes para construir entornos educativos seguros y propicios para el aprendizaje.


Especialistas del CONICET Mendoza estudian el acoso y el ciberacoso escolar.
Roxana Marsollier y Cristian Expósito, investigadores del CONICET en Centro de Investigaciones Cuyo de la Universidad Nacional de Cuyo.

Una investigación llevada a cabo por Roxana Marsollier y Cristian Expósito, investigadores del CONICET en el Centro de Investigaciones Cuyo (CIC), aborda la convivencia escolar y cómo fenómenos como el bullying (acoso) y el ciberbullying (ciberacoso) la afectan. El estudio se centra en los valores y las conductas esenciales para consolidar entornos educativos armoniosos.

En una muestra de veintitrés mil estudiantes de nivel secundario, el estudio incluyó análisis comparativos según el tipo de institución y la edad de los participantes, lo que reveló marcadas diferencias entre adolescentes y personas adultas. Los hallazgos se sistematizaron en una serie de informes —educación técnica, orientada, de gestión privada y de adultos— destinados a los supervisores del sistema educativo, que permitieron identificar patrones de violencia escolar y analizar su vinculación con variables críticas, como el consumo de sustancias, entre otras, ofreciendo un diagnóstico detallado para la toma de decisiones institucionales.

“En el bullying es clave identificar y abordar los casos con apoyo profesional y entender que los y las estudiantes que lo padecen logren reconocer que están siendo hostigados, aunque no siempre identifican la situación como bullying porque el término está mal entendido y sobreutilizado. Es fundamental concientizar y enseñar qué es el bullying, tanto a víctimas como a testigos, para que puedan actuar y no ser cómplices por omisión”, afirma Marsollier.

Según la especialista, el bullying requiere tres elementos: desequilibrio de poder, frecuencia sistemática e intencionalidad de hacer daño; si falta alguno, no se considera bullying. El acosador suele ser consciente de su daño, busca validación grupal y la víctima suele estar aislada. Es un problema que puede corregirse fácilmente si las personas adultoas intervienen y establecen límites claros.

Por otro lado, según Marsollier, el ciberbullying representa la continuidad del acoso escolar fuera del aula, a través de las redes sociales. Este traslado al entorno virtual diluye los límites del horario escolar y cronifica la problemática a lo largo de todo el día. Aunque los sistemas informáticos ofrecen altos estándares de seguridad para la protección de credenciales, las agresiones han evolucionado hacia estrategias más complejas. Además, la investigadora sostiene que, en la actualidad, el acceso a la inteligencia artificial facilita la generación maliciosa de imágenes, voces y videos falsos, lo que potencia significativamente el daño psicológico y social dentro de la comunidad educativa.

Expósito hace hincapié en la importancia de este trabajo, ya que requirió un análisis detallado de las conductas disruptivas que vulneran la normativa y entorpecen las relaciones interpersonales. En este marco, el estudio del bullying y del ciberbullying adquiere relevancia al integrarse en una perspectiva más amplia, orientada a evaluar el clima escolar. Este abordaje permite comprender la complejidad de cada institución educativa, entendida como una realidad única e irrepetible.

“El bullying y el ciberbullying se pueden solucionar a través de la escuela”, señala Expósito, y remarca que la institución escolar debe ser un espacio seguro y de contención para que los estudiantes puedan aprender y estar bien. “Nos centramos en la convivencia entre estudiantes, entendiendo que el bullying es multicausal y requiere análisis cuantitativos y cualitativos para un diagnóstico acertado. Buscamos todo lo que tiene que ver con aplicar valores a las conductas dentro del colegio, buscar un clima armonioso”, afirma el investigador.

Los especialistas afirman que las personas adultas y las escuelas deben estar preparadas y contar con protocolos más ágiles, ya que muchas veces no se actúa por falta de herramientas o por miedo. Además, la mayoría de las víctimas no denuncia por temor o porque cree que no recibirá ayuda. A su vez, es importante que las familias conozcan con quiénes interactúan sus hijos e hijas en línea, para prevenir y resolver problemas y situaciones de riesgo como el grooming o el phishing.

Para concluir, los especialistas señalan que el bullying suele ser invisible para los docentes. Por lo tanto, es clave trabajar con las víctimas, los testigos y las personas adultas, para que estas puedan escuchar y actuar con rapidez cuando los estudiantes denuncian situaciones de acoso. Un programa de prevención debe involucrar a toda la comunidad escolar y no necesariamente requiere una hora adicional de clase, sino integrar estos temas de manera transversal en todas las materias.

¿Por qué es importante una convivencia escolar armoniosa?

“Nuestro estudio aborda la convivencia escolar entre estudiantes desde una perspectiva amplia ya que consideramos que cada institución es única y requiere diagnóstico y estrategias específicas. La convivencia escolar implica contar con un espacio seguro, condición necesaria para el aprendizaje según la pirámide de Maslow (teoría psicológica creada por Abraham Maslow en 1943 que explica la motivación humana)”, afirma Marsollier.

La escuela es considerada una organización cuyo objetivo es que el sujeto aprenda a ser un buen ciudadano y para que eso ocurra “necesita un buen clima escolar”, afirma Expósito.

El clima escolar constituye una condición clave para el proceso de enseñanza-aprendizaje, cuyo propósito último es la formación de la ciudadanía. Desde la perspectiva de la jerarquía de necesidades de Maslow, el desarrollo de actividades intelectuales complejas requiere la satisfacción previa de las necesidades básicas. Del mismo modo que las instituciones escolares atienden demandas de subsistencia material a través de servicios como los comedores, también deben garantizar la seguridad psicofísica y afectiva en el aula.

Por lo tanto para que sea positiva la convivencia, es decir, relaciones interpersonales armónicas y un trato cercano entre los miembros de la comunidad, funciona como el soporte indispensable para el éxito pedagógico, mientras que las conductas disruptivas o conflictivas emergen como los indicadores más accesibles para medir y diagnosticar las tensiones que alteran este equilibrio. “Cuando hay un clima escolar negativo, adverso, no se produce el aprendizaje. Lograr ese trato de de amistad coloquial entre los miembros de la comunidad educativa es lo que te marca un buen clima escolar”, añade el investigador.

Es importante conocer cómo se dan estas relaciones interpersonales de los y las estudiantes, y qué dinámicas se generan dentro de la convivencia de cada institución para poder generar luego un diagnóstico y apuntar aquellas estrategias de prevención o de intervención que sean necesarias para ese contexto, que es único. En ese sentido, se trata de una problemática donde, si bien hay datos generales, adquieren una connotación única en cada institución escolar.

“Es fundamental que directivos y docentes estén presentes, escuchen y hablen mucho con sus estudiantes, para detectar y abordar estos problemas a tiempo y favorecer una convivencia escolar armoniosa”, concluye Marsollier.

El diseño del estudio contó con la participación de Alejandro Castro Santander, investigador del CIC como referente en el estudio del acoso y ciberacoso a nivel nacional. Junto con Marsollier y Expósito, diseñaron el Cuestionario de Acoso y Ciberacoso Escolar (CACE), un instrumento compuesto por 44 ítems que fue rigurosamente validado mediante juicio de expertos y facilitado a los estudiantes. Asimismo, el equipo de investigación se enriqueció con los aportes de Celina Korzeniowski, investigadora del CONICET, quien contribuyó desde su especialidad en la relación entre las funciones ejecutivas y las conductas de acoso, y de Adriana Gennarópoulos, en representación de la Dirección General de Escuelas (DGE).