CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Especialistas del CONICET Mendoza explican la importancia del pichiciego en la Reserva de Biósfera Ñacuñán
Mariella Superina y Pablo Cuello resaltan la importancia de esta especie en la provincia.


El pichiciego menor (Chlamyphorus truncatus) es un armadillo que habita principalmente en zonas áridas del centro de Argentina. Este animal puede pesar alrededor de 100 gramos, lo que lo convierte en la especie de armadillo más pequeña del mundo. Es difícil de observar, ya que vive bajo tierra, es activo durante la noche y solo emerge ocasionalmente para desplazarse unos metros antes de enterrarse nuevamente.
Su nombre hace referencia a dos características: “Pichi”, que significa “chiquito” en mapudungun, y “ciego”, porque no distingue colores. En inglés se lo conoce como pink fairy armadillo, nombre que algunas traducciones automáticas interpretan incorrectamente como “armadillo Hada Rosa”. Este término hace referencia únicamente al color claro de su pelaje y no tiene relación con hadas.
Mariella Superina, investigadora del CONICET Mendoza en el Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (IMBECU-CONICET) explica las características de esta especie, "Tiene una coraza que la utilizan para termorregular, lo que significa que cuando hace calor, hay más circulación de sangre en la coraza y presenta un color rosado más intenso. Cuando hace frío, concentra la sangre en el centro de su cuerpo, por ende hay menos sangre que fluye por las venitas en la coraza, y se ve más pálido. Además tiene una placa vertical que utiliza para compactar la arena cuando está escarbando, de esta forma crea un espacio que puede explorar y donde puede respirar y, de paso, tapa la cueva para que no entre ningún depredador”, comenta la investigadora.
A su vez, resalta que las principales amenazas que sufre esta especie, "La pérdida de hábitat, el ataque de otros animales como perros y gatos, y la intervención humana. En algunos casos intentan mantenerlo como mascota, además de que está prohibido, causa la muerte del animal porque se estresa fácilmente”, afirma la experta.
Por último, la investigadora afirma la importancia de estudiarlos y protegerlos, ya que son animales únicos y muy representativos del secano mendocino. Son parte de nuestra identidad y, además, en Mendoza están considerados un monumento natural provincial. “Necesitamos conocer más sobre ellos para poder conservarlos, de manera que las futuras generaciones también puedan disfrutar de su belleza”, concluye.
RESERVA DE BIÓSFERA DE ÑACUÑÁN
Pablo Cuello, profesional adjunto del CONICET en el Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA, CONICET-UNCUYO-Gob. Mza.) y coordinador de la Reserva de Biósfera de Ñacuñán, explica la importancia de la misma, ya que es la primer área protegida creada en la provincia de Mendoza, en 1961, con el objetivo de proteger los bosques de algarrobo que habían sufrido un intenso proceso de deforestación.
En 1986 fue reconocida por la UNESCO como Reserva de Biósfera, consolidando su rol como sitio modelo para la conservación de la biodiversidad y la promoción de la investigación científica de largo plazo. Está ubicada al sureste de la ciudad de Mendoza, dentro del ecosistema del Desierto del Monte.
“La reserva es gestionada por una comisión integrada por profesionales del IADIZA–CONICET y de la Dirección de Áreas Naturales Protegidas de Mendoza. En su territorio funciona una Estación Biológica donde investigadores del CONICET Mendoza desarrollan estudios ecológicos y de conservación”, explica Cuello.
El pichiciego es una especie extremadamente difícil de observar debido a sus hábitos subterráneos y su comportamiento críptico. “Hace unos días se pudo registrar uno durante tareas de control y vigilancia realizadas por las guardaparques Ángela Begarie y María Victoria Aguirre dentro de la reserva, quienes tomaron datos del ejemplar y registraron con precisión su localización, generando información de gran valor científico”, menciona el coordinador de la Reserva.
Y añade; “Este tipo de registros es especialmente relevante porque el pichiciego es un animal poco conocido, de distribución restringida y escasamente detectado en relevamientos tradicionales tiene una importancia significativa tanto desde el punto de vista científico como de la conservación.
Para el CONICET, el estudio del pichiciego refuerza la importancia de la investigación sostenida en ecosistemas áridos y aporta información clave sobre la distribución y ecología de una especie difícil de estudiar, consolidando así el papel de la ciencia pública en la generación de conocimiento estratégico para la conservación de la biodiversidad. Al mismo tiempo, para la Reserva Ñacuñán, estos estudios confirman su relevancia como refugio de especies singulares y sensibles del Monte, fortalecen su valor de conservación y proporcionan fundamentos técnicos para la planificación y gestión del área. Además, destacan la importancia del trabajo conjunto entre guardaparques e investigadores, fortaleciendo el vínculo entre ciencia, territorio y sociedad, concluye Cuello.
Para más información : https://xenarthrans.org/es/armadillos-2/pichiciego-menor/