DÍA MUNDIAL DE LAS ABEJAS

Estudian cómo el diseño de la colmena podría afectar la salud de las colonias de abejas melíferas

Un científico del CONICET Mendoza participó en un estudio que analizó el comportamiento térmico de dos tipos de colmenas para descifrar cómo reaccionan las colonias de abejas melíferas, cuyas obreras son responsables de regular la temperatura interna necesaria para el desarrollo de las crías.


Construcción de las colmenas para el ensayo. Gentileza investigador.
Colonia de abejas que anidó temporalmente en la vid. Gentileza investigador.

Las abejas melíferas (Apis mellifera), también conocidas como abejas europeas o de la miel, cumplen un rol central tanto en los ecosistemas, por su función como polinizadoras de numerosas especies vegetales, como en la producción agropecuaria, al ser la principal especie utilizada a nivel mundial para la obtención de miel y otros productos apícolas. 

La salud de las colonias -comunidades organizadas de abejas- se encuentra amenazada por numerosos factores, entre ellos, el aumento de las temperaturas a nivel global.

Gerónimo Galvani, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Veterinarias y Ambientales de la Universidad Juan Agustín Maza, participó en un estudio que analizó el comportamiento térmico de distintos diseños de colmenas para descifrar cómo reaccionan las colonias de abejas melíferas, cuyas obreras son responsables de regular la temperatura interna necesaria para el desarrollo de las crías.

El trabajo, publicado en International Journal of Biometeorology, comparó dos sistemas de manejo apícola: la colmena estándar o Langstroth, creada en el s XIX y ampliamente utilizada en la producción de miel, y el método de núcleos apilados, una alternativa que ha ganado terreno en los últimos años. 

“En la apicultura moderna, la colmena estándar o Langstroth tiene origen en el modelo propuesto por Lorenzo Langstroth en el siglo XIX. Desde el punto de vista biológico, la caja de este modelo posee un volumen similar a la cavidad de un árbol elegido por una colonia de abejas. Sin embargo, crece la evidencia sobre que este diseño fuerza a la colonia a hacer crecer el nido en forma horizontal y luego acumular reservas en forma vertical. Estos procesos no ocurren en la naturaleza, donde el desarrollo de la colonia tiene un ambiente más estrecho (la cavidad de un árbol) y con dirección preferentemente vertical. El modelo de núcleo corresponde a una colmena de menor tamaño, en general de 5-6 cuadros que históricamente sirve para iniciar una nueva colonia. Estos núcleos luego son trasegados a una colmena estándar que se utilizará para la producción de miel. Desde hace un tiempo, entre productores, investigadores y comunicadores, está afirmándose la idea de que trabajar con colmenas más “estrechas”, como estas, versus la colmena estándar que abarca 10, les ofrece a las abejas una mejor condición de sostenibilidad en el invierno y productividad en el verano”, dice el científico.

El objetivo del estudio fue comprender cómo responden las abejas -responsables de mantener la temperatura adecuada para su supervivencia- frente a estas configuraciones -diseños de colmenas- en condiciones ambientales propias del norte de Mendoza, durante primavera y verano. Para cumplir la tarea, el equipo monitoreó durante cuatro meses la temperatura interna de las colmenas mediante sondas colocadas en el área de cría de las abejas y en sectores periféricos de las cajas. También registró la actividad de piquera -entrada y salida- como parámetro indirecto del correcto desarrollo de la colonia.

“Los resultados mostraron que, a pesar del clima árido de Mendoza, las colonias logran controlar el rango de temperatura óptima en el área de cría, lo que habla bien de la genética utilizada por los productores de la zona. Por otro lado, pudimos describir las exigencias a las que se encuentran estas colonias, sobre todo por la exposición de las colmenas en los límites de la caja que habitan. Las diferencia más destacada entre los sistemas se dio en un mayor número de eventos de sobrecalentamiento en el sistema de nucleos apilados con respecto a la colmena estándar”, detalla el científico.

El científico subraya que mantener una temperatura estable en el área de cría es clave para la supervivencia de la colonia. “En esta especie (Apis mellifera), es fundamental controlar un rango de temperatura óptimo en el área de cría, que está aproximadamente entre 32 y 36 °C. Fuera de ese intervalo, la tasa de mortalidad o defectos de desarrollo, aumenta en forma significativa”, explica. 

El estudio también evaluó si el tipo de colmena afectaba la recolección de polen: “La recolección de polen no mostró diferencias significativas entre los diseños de colmenas, pero sí pudimos caracterizar el patrón de actividad durante la mañana, lo cual nos da una línea de base para futuros estudios”, señala Galvani. 

Aunque los investigadores advierten que es temprano para establecer recomendaciones prácticas para los productores apícolas, un aspecto que deja claro la investigación es que el clima de cada región influye en el desarrollo de la actividad. “Sin dudas, un mensaje que se desprende del estudio es lo expuestas a la insolación que están las colmenas destinadas a la producción en Mendoza. Se deben repensar algunas de las metodologías que simplemente se copian de otras regiones del mundo con otras exigencias ambientales”, concluye el científico.

Referencia bibliográfica:

ourrel, P., Caluva, E., Requina, C. et al. Impact of hive configuration on internal temperature and pollen foraging in a semi-arid region. Int J Biometeorol 69, 1769–1779 (2025). https://doi.org/10.1007/s00484-025-02931-6