CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

Publicaron un libro sobre la actividad de trashumancia en Malargüe

La obra, de un especialista del CONICET Mendoza, realiza un análisis histórico y antropológico sobre la realidad de más de cinco mil familias campesinas.


Arreo en Malargüe. Foto: Axel Vanstrelen
Trabajo en el corral. Foto: Rolando Poblete
Arreo en Malargüe. Foto: Axel Vanstrelen
Trabajo en el corral. Foto: Rolando Poblete

Oscar Soto, becario posdoctoral del CONICET en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA-CONICET), presentó el libro “Malargüe: entre veranadas e invernadas. Pasado y futuro de un pueblo trashumante”. La obra analiza esta actividad que llevan a cabo familias campesinas todos los años: llevar animales desde la zona de invernada a la zona de veranada, es decir, desde la llanura hacia la parte alta de las montañas, para que puedan pastar.

“En este libro explico los orígenes de la trashumancia en Malargüe, su valor socioecológico y las dificultades actuales ante la aridez, el cambio climático y el abandono estatal. Expongo un análisis histórico y antropológico y busco no solo dar elementos para describir la actividad productiva, sino también los orígenes más ancestrales de esa cultura”, comenta Soto.

¿Qué es la trashumancia? 

Es el proceso mediante el cual familias crianceras, campesinas, se trasladan con sus animales desde la zona de la meseta y la llanura hacia los cajones de cordillera, en las zonas de alta montaña. “En el libro mostramos la existencia de varios ciclos, unos de corta distancia, algunos de mediana y de larga distancia, medidos en días. Es una actividad cíclica, porque no solamente comprende el momento el arreo, sino que es todo un proceso de vida en el que estas familias viven en zonas muy alejadas, con distancias muy largas de los centros urbanos”, detalla el investigador.

Según el científico, la mayoría de las familias realizan distancias medias y largas, de tres a cinco días, y algunas viajan hasta siete días. Ese itinerario lo realizan a caballo, con perros que acompañan, y en general, participa gran parte de la familia, aunque en los últimos años las mujeres se quedan en los hogares. Ese recorrido lo llevan a cabo en verano haciendo postas para descansar, por ende, duermen a la vera de la ruta o en algunos puestos amigos que los esperan.

“Este libro no intenta romantizar la actividad, sino hacerla visible y exponer la necesidad de políticas públicas que la sostengan. Lo que observamos es un esfuerzo muy denodado, una vida muy sacrificada y, a su vez, una especie de armonía con la naturaleza muy interesante para estudiar y para reconocer”, relata.

La actividad escolar en la Trashumancia

La mayoría de los puestos y las zonas de veranada e invernada en Malargüe tienen escuelas albergue. Sus niños y niñas van durante un tiempo, en el período que no tienen que trasladarse a la zona de montaña, y en el período que las familias los llevan para su trabajo no interrumpen su escolaridad.

“La educación, los hábitos de comida, el uso y la salud se ajustan a ese ciclo distinto a la ciudad que es muy característico de la zona del sur de Mendoza, del norte de Neuquén, y un poco también en el norte del país”, señala el especialista.

Soto explica que según el Registro Único de Puesteros, un nomenclador que surge a partir de la Ley de Arraigo en el año 1993, se habla de, aproximadamente, unas 3500 familias. Sin embargo, señala que está desactualizado. “Nosotros en el libro contamos las estadísticas realizadas por las organizaciones que trabajan con esas familias, en particular la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierras y la Organización Identidad Territorial Malalweche, que es una organización indígena. Ellos sostienen que, como mínimo, ese número se ha multiplicado por dos en los últimos años”, comenta Soto.

“Algo que nosotros revelamos en el libro es la historia de la tenencia de la tierra, y lo que afirmamos es una constante que vemos durante todos estos años, que es la vigencia del latifundio, es decir, muchos terrenos de grandes distancias entregados a pocas manos de tenedores o terratenientes que no viven en la zona, por ende, la gran dificultad para poder planificar la economía de las familias puesteras. Hay un problema de regularización dominial, que es necesario que el municipio, que la provincia, que las leyes nacionales contemplen, sobre todo en un contexto en el que se está discutiendo el tema de las tierras rurales”. 

Para concluir, el especialista afirma: “La importancia para quienes hacemos ciencias sociales es que podamos, no solamente describir procesos sociales, políticos o socioterritoriales, sino también que nuestros métodos de investigación, nuestras etnografías puedan dar herramientas a las decisiones de políticas públicas, al ordenamiento territorial, a la discusión respecto de la complementariedad y las sinergias de actividades productivas, porque Malargüe hoy está en discusión no sólo teórica o académica, sino en una discusión política. En ese territorio está en desarrollo el Malargüe Distrito Minero, hay actividades de turismo científico, es una zona muy importante en términos estratégicos, y se debe poder situar y contextualizar esta actividad productiva y la continuidad de sus familias. Como parte del CONICET, creo que este libro es un aporte al conocimiento, a la visibilización de estas formas de vida y a la mejora de esos modos de habitar el territorio”.

El libro “Malargüe: entre veranadas e invernadas. Pasado y futuro de un pueblo trashumante” se consigue en la editorial de la EDIUNC (25 de Mayo y Sarmiento, Mendoza).