DÍA MUNDIAL DE LA VIDA SILVESTRE

Vida Silvestre: investigadora del CONICET reflexiona sobre su importancia

Claudia Campos pone en valor las relaciones entre las personas y la biodiversidad.


Mara o liebre criolla (Dolichotis patagonum). Hembra alimentando a sus crías. Foto: Gentileza Investigadora
Guanaco (Lama guanicoe). Foto Gentileza
Cóndor Andino (Vultur gryphus). Foto: Genileza Investigadora
Cardón. Foto: Gentileza
Claudia Campos (IADIZA)

El Día Mundial de la Vida Silvestre se celebra con el objetivo de concientizar sobre la importancia de la flora y la fauna en todo el planeta. El día 3 de marzo es la fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas en 2013 y conmemora la firma, en 1973, de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), un acuerdo internacional clave para regular el comercio de especies y contribuir a su conservación.

En este contexto, Claudia Campos, investigadora del CONICET  Mendoza en el Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA, CONICET-UNCUYO-Gob. de Mza), destaca la necesidad de fortalecer las acciones de protección y manejo sostenible de los ecosistemas. Desde su labor científica, subraya la importancia de generar conocimiento para conservar la biodiversidad y promover una relación armoniosa entre las actividades humanas y el ambiente.

Cuando hablamos de “vida silvestre”, ¿a qué nos referimos exactamente?

Nos referimos al conjunto de animales, plantas, hongos y microorganismos que viven en la naturaleza sin haber sido domesticados, y a los ecosistemas de los que forman parte.

Incluye desde especies muy visibles, como aves o mamíferos, hasta formas de vida menos evidentes, como insectos o microorganismos del suelo, que cumplen funciones esenciales para que los ecosistemas funcionen.

Es importante recordar que muchas de las especies domésticas que hoy forman parte de nuestra vida, como el ganado, los cultivos y los animales de compañía, provienen originalmente de especies silvestres, a partir de procesos históricos de domesticación desarrollados por distintas culturas humanas. Esto nos recuerda que la relación entre las personas y la vida silvestre es profunda, antigua y continua.

La vida silvestre no está separada de las personas: formamos parte de una red de relaciones entre naturaleza y sociedad, de la cual depende nuestro bienestar y nuestra supervivencia.

Muchas culturas han entendido históricamente esta relación como un vínculo de interdependencia, cuidado y reciprocidad con la naturaleza; una idea que hoy también es retomada por la ciencia para pensar futuros más justos y sostenibles.

¿Por qué es importante que exista un día para tomar conciencia sobre la importancia de cuidar la vida silvestre?

Hoy estamos atravesando una crisis global de pérdida de biodiversidad sin precedentes, impulsada por actividades humanas como el cambio de uso del suelo, la contaminación, el cambio climático y la sobreexplotación de especies. Esta crisis afecta no solo a la naturaleza, sino también a nuestra salud, nuestras economías y nuestra calidad de vida.

En este contexto, muchas veces no vemos todo lo que la naturaleza hace por nosotros en la vida cotidiana. La vida silvestre sostiene procesos esenciales como la producción de alimentos, la polinización, la regulación del clima, el acceso al agua limpia o la fertilidad de los suelos.

Además, la biodiversidad tiene un enorme valor cultural: forma parte de nuestras identidades, de los paisajes donde vivimos y de los saberes de muchas comunidades.

Por eso, tener un día para reflexionar sobre la vida silvestre nos recuerda algo fundamental: no podemos cuidar nuestra calidad de vida si no cuidamos la naturaleza, y necesitamos transformar nuestras formas de relacionarnos con ella para asegurar un futuro justo y sostenible.

¿Cómo se relacionan las actividades humanas con la vida silvestre?

Las personas interactuamos constantemente con la vida silvestre. Nuestras actividades, como la producción de alimentos, la ganadería, el turismo o la urbanización, modifican los ecosistemas, pero al mismo tiempo dependen de ellos. Estas relaciones pueden ser negativas, cuando generan degradación o pérdida de biodiversidad, pero también pueden ser positivas, cuando se manejan los territorios de manera sustentable, se conservan especies y se integran conocimientos científicos y saberes locales.

Hoy hablamos de sistemas socioecológicos productivos o paisajes bioculturales, donde la vida silvestre y las sociedades humanas coexisten e interactúan de múltiples maneras.

¿A qué amenazas está sometida hoy la vida silvestre?

A nivel global, la vida silvestre enfrenta múltiples amenazas interconectadas: la pérdida y degradación de hábitats, el cambio climático, la sobreexplotación de especies, la contaminación y las especies exóticas invasoras.

Pero además de estas causas directas de pérdida de biodiversidad, hoy sabemos que existen causas más profundas, como la desconexión de las personas con la naturaleza, la concentración de poder y riqueza, y los modelos de producción y consumo que priorizan beneficios de corto plazo.

Estas causas estructurales explican por qué la crisis de biodiversidad es tan compleja y difícil de revertir, y por qué se necesitan cambios más profundos en nuestras formas de vivir y organizar la sociedad.

¿Qué nos permite conocer la investigación científica sobre la vida silvestre y por qué es importante generar conocimiento científico sobre este tema?

La investigación científica nos permite entender cómo funcionan los ecosistemas, cómo responden las especies a los cambios y qué efectos tienen nuestras acciones sobre la naturaleza. Este conocimiento es clave para diseñar y poner en marcha políticas públicas, estrategias de conservación, áreas protegidas y prácticas productivas más sustentables.

Hoy también es fundamental integrar los conocimientos científicos con los conocimientos locales e indígenas, porque juntos ofrecen una comprensión más completa de los territorios y permiten construir soluciones más justas y efectivas.

¿Cómo se relaciona tu trabajo como científica con la vida silvestre?

Mi trabajo se centra en estudiar cómo las actividades humanas, como la ganadería en tierras secas, se relacionan con la biodiversidad y con los beneficios que la naturaleza aporta a las personas, lo que se conoce como Contribuciones de la Naturaleza para las Personas.

Pero también analizo el proceso en sentido inverso: cómo las personas, a través de sus prácticas, conocimientos y formas de manejo, contribuyen al cuidado, la regeneración o la transformación de los ecosistemas. Es decir, cómo se da una relación de reciprocidad y co-producción entre naturaleza y sociedad.

Trabajo en territorios donde conviven comunidades rurales, áreas protegidas y vida silvestre, y busco comprender cómo manejar esos paisajes de manera que se conserve la biodiversidad y, al mismo tiempo, se sostengan los medios de vida locales.