CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Investigadora de CONICET Mendoza une conservación y salud pública mediante perros de detección
Un estudio suma una herramienta clave para la localización de los pichiciegos y vinchucas, un perro rastreador.


Mariella Superina, investigadora del CONICET en el Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (IMBECU, CONICET-UNCUYO), lidera el proyecto “CAN-TRACK: Perros que detectan - Ciencia que protege”, que tiene como objetivo identificar fauna invisible y vectores de enfermedades mediante perros rastreadores para abordar, por un lado, la salud pública y, por otro, la conservación de la fauna silvestre en Mendoza a través del olfato canino. El equipo trabaja con Roy, un perro rastreador adiestrado en los Países Bajos por la fundación Scent Imprint Conservation Dogs, cuya misión en este proyecto es localizar ejemplares de pichiciego y detectar la presencia de vinchucas, insectos vectores de la enfermedad de Chagas.
Esta organización internacional es referente en el adiestramiento canino especializado. Si bien su labor abarca ámbitos tradicionales, como la detección de drogas y explosivos, también ha desarrollado una línea de trabajo enfocada exclusivamente en la conservación. A través de este programa, la fundación despliega perros de trabajo en diversos ecosistemas críticos, desde Indonesia hasta Sudáfrica, con el objetivo de aportar una solución biológica para monitorear fauna amenazada y detectar especies escurridizas difíciles de localizar en el terreno.
En este marco de cooperación internacional, Nadia Esplugas Muñoz es una de las entrenadoras principales de Roy y viajó desde los Países Bajos a Mendoza con el objetivo de fortalecer el vínculo, realizar una auditoría técnica del trabajo realizado hasta el momento y evaluar el rendimiento del animal en el terreno, para garantizar las detecciones necesarias para el estudio sobre la enfermedad de Chagas y pichiciegos. La donación del can trasciende la entrega del animal en sí, ya que incluye la capacitación intensiva del equipo local y visitas de seguimiento periódicas para ajustar protocolos y optimizar las técnicas de búsqueda de campo.
Superina señala que este esfuerzo multidisciplinario busca transformar las estrategias de vigilancia epidemiológica y protección de la fauna silvestre en la provincia, en este caso a través de Roy. “Estamos muy contentos con este proyecto, ya que el pichiciego es una especie extremadamente difícil de observar debido a sus hábitos subterráneos y su comportamiento críptico. Vive bajo tierra, por lo que no podemos utilizar trampas para capturarlo. Necesitábamos alguna herramienta que nos ayudara a encontrarlo en el campo y poder ampliar el estudio sobre esta especie. El perro marcará dónde hay un pichiciego bajo tierra, sin interferir con su comportamiento ni molestarlo, lo que nos permitirá determinar algunas condiciones de vida de esta especie”, dice la científica.
Además, reafirma la relevancia de estudiar esta especie en Mendoza, un área de importante distribución territorial del pichiciego, ya que es un animal que, al no poder ser observado a simple vista debido a sus características biológicas, presenta numerosos interrogantes: se desconoce si su población está amenazada, cuántos ejemplares existen o cómo se alimenta, entre otros aspectos que aún no han sido estudiados en profundidad. “Desde el siglo XIX sabemos que hay pichiciegos, pero no sabemos dónde están exactamente. Queremos conocer más sobre ellos para poder determinar su estado de conservación y ver si tenemos que iniciar alguna medida para proteger esta especie tan emblemática, que solo existe en zonas áridas y semiáridas de Argentina”, dice la científica.
La investigadora explica que, en el marco de este proyecto, el propósito es visitar con Roy y su entrenadora el área de influencia de la Reserva Ñacuñán, hábitat natural de los pichiciegos, para aprender a guiar al perro en un ambiente desconocido y, además, rastrear vinchucas, ya que hay especies que viven dentro de las casas y otras que son silvestres. “Nos interesa saber dónde están y por qué se están acercando cada vez más a las viviendas debido a los cambios en el uso del suelo. Las vinchucas son insectos hematófagos (organismos que se alimentan de sangre) que pueden transmitir el parásito causante de la enfermedad de Chagas, una de las enfermedades parasitarias más importantes de América Latina”, explica Superina.
“Sin duda, para el CONICET Mendoza este proyecto reviste importancia, ya que integra dos líneas de investigación de relevancia para la región: la conservación de una de las especies más difíciles de estudiar de la fauna argentina y el estudio de las vinchucas. Así, buscamos integrar el conocimiento ecológico con métodos éticos de investigación”, concluye la experta.